martes, 30 de octubre de 2012

EL OTRO YO

Se trataba de un muchacho corriente; en los pantalones se me formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, me metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, me llamaba Armando. Corriente en todo menos en una cosa: tenia Otro Yo.

Mi otro yo usaba cierta poesia en la mirda, se enamoraba de las actrices mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. A mi me preocupaba mucho mi Otro Yo y me hacía sentirme incómodo frente a mis amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, yo no podía ser tan vulgar como era mi deseo.

Hubó una tarde, en que llegué cansado del trabajo, me quité los zapatos, movi los dedos de los pies y encendí la radio.En la radio estaba Mozart, yo me dormí. Cuando despertó Mi otro yo, lloró con mucho desconsuelo. En el primer momento, no supe qué hacer, pero después reaccioné e insulté a mi Otro Yo. El no dijo nada,  pero a la mañana siguiente, se había suicidado.

Al principio la muerte de Mi Otro Yo, fue un golpe muy duró para mí, pero enseguida pensé que ahora si podía ser vulgar, pensar esto me reconfortó.

Soló llevaba cinco días de luto, cuando salí a la calle con el propósito de lucir mi nueva vulgaridad. Desde lejos vi que se acercaban unos amigos, eso me lleno de felicidad y estallé en risotadas. Sin embargo, cuando pasarón junto a mí, ellos no notarón mi presencia. Pero lo peor de todo, yo no alcancé a escuchar que comentaban: "Pobre armando, y pensar que parecía tan fuerte y saludable".

Yo no tuve mas remedio que dejar de reírme y al mismo tiempo, sentí a la altura del esternón, un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no puedo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado Mi Otro Yo.

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